miércoles, 30 de enero de 2008

EL MONTE OLIMPO DE MARTE


Mide 27 km de altura. Por lo tanto triplica la altura del Everest en la Tierra. Su cráter central mide 80 km de ancho y la base de esta espectacular montaña es de 620 km de anchura. Monte Olimpo (en latín Olympus Mons ) es el mayor volcán conocido en el Sistema Solar. Se encuentra en el planeta Marte, en las coordenadas aproximadas de 18º N, 226º E. Su naturaleza de montaña era conocida antes de que las sondas espaciales visitaran el planeta gracias a su albedo, siendo conocido por los astrónomos como Nix Olympica. El macizo central se eleva 27 kilómetros sobre la llanura circundante, lo que equivale a tres veces la altura del monte Everest, y a 25 km sobre el nivel medio de la superficie marciana, debido a que se encuentra en una depresión de 2 km de profundidad. Está flanqueado por grandes acantilados de hasta 6 km de altura, y su caldera tiene 85 km de largo, 60 km de ancho y 2,4-2,8 km de profundidad, pudiéndose apreciar hasta seis chimeneas superpuestas de cronología sucesiva. La base del volcán mide 600 km de diámetro incluyendo el borde exterior de los acantilados, lo cual le otorga una superficie en su base de 283.000 km² aproximadamente, comparable con la superficie de Ecuador. Sus dimensiones son tales que una persona que estuviese en la superficie marciana no sería capaz de ver la silueta del volcán, ni siquiera desde una distancia a la cual la curvatura del planeta empezara a ocultarla. El efecto por tanto sería el de estar contemplando una "pared", o bien confundir la misma con la línea del horizonte. La única forma de ver la montaña adecuadamente es desde el espacio. Igualmente, si alguien se encontrara en la cima del volcán y mirase hacia abajo no podría ver el final, ya que la pendiente llegaría hasta el horizonte.

Has clic en la imagen para agrandar
Olympus Mons es un volcán de escudo en forma de caldera, formado como resultado de flujos de lava muy poco viscosa durante largos períodos de tiempo, y es mucho más ancho que alto; la pendiente media del monte es muy suave. En 2004, la sonda Mars Express detectó que los flujos de lava en las pendientes del monte parecían tener sólo dos millones de años, fecha muy reciente en términos geológicos, sugiriendo que la montaña aún podría tener una ligera actividad volcánica.

Las islas Hawai son un ejemplo de volcanes muy similares a menor escala (véase Mauna Loa). El extraordinario tamaño del volcán se debe probablemente al hecho de que Marte no tiene placas tectónicas. Por eso, el cráter permaneció fijo sobre un punto caliente de gran actividad y continuó vertiendo lava, dando al volcán unas dimensiones tan espectaculares.

Olympus Mons se encuentra en la meseta de Tharsis, un terreno elevado en la superficie marciana que contiene otras formaciones volcánicas. Entre ellas hay una cadena de volcanes en forma de caldera más pequeños, como es el caso de los montes Arsia, Pavonis y Ascraeus, los cuales son pequeños en comparación con el Olimpo. La región que rodea inmediatamente Olympus Mons es una depresión de 2 km de profundidad.

El volcán está rodeado por una región conocida como la aureola, con enormes gargantas y montañas que se extienden a 1000 km de la cima, las cuales muestran la evidencia de una antigua actividad glacial.

martes, 22 de enero de 2008

MESSENGER A MERCURIO




Messenger es una misión bastante interesante cuyo objetivo es el planeta Mercurio, que fue lanzada el 03 de agosto de 2004. Como muchos saben, Mercurio es el planeta menos estudiado del Sistema Solar, por tanto esta exploración significará hacer algo que no se había hecho en 30 años desde la sonda Mariner, recorrer sus cercanías. Esta sonda fue diseñada para soportar altas temperaturas, debido a que este planeta es el más cercano al Sol y su superficie oscila entre los 370 °C.

Los descubrimientos vinculados con Mercurio han sido muy escasos. Se sabe que su órbita está fuertemente "capturada" por el Sol y que mantiene una órbita errática. Es bastante curioso el hecho de que un lado de Mercurio jamás ha sido visto desde la Tierra, por tanto ello genera mayor interés en descubrir los secretos del primer planeta de nuestro sistema. Durante los dos primeros sobrevuelos a Mercurio, la nave fotografiará en color la superficie, además de entregar datos sobre la atmósfera, magnetósfera y la composición superficial.

Esto más bien será el comienzo, puesto que la mayor parte de la investigación vendrá cuando la sonda entre en órbita definitiva. Por supuesto tendrá que enfrentarse al intenso calor solar, que en Mercurio es 11 veces más potente que el recibido por nosotros aquí en la Tierra. Además Mercurio es el más denso de todos los planetas, como a la vez ocurre lo opuesto con su atmósfera, la menos densa de todas.

http://images.google.es/imgres?imgurl=http://www.austrinus.com/recursos/imagenes/messenger.jpg&imgrefurl=http://www.austrinus.com/recursos/misiones/messenger.html&h=115&w=169&sz=12&hl=es&start=6&tbnid=CaSovw1BYz3OZM:&tbnh=67&tbnw=99&prev=/images%3Fq%3Dmision%2Bmessenger%26gbv%3D2%26svnum%3D10%26hl%3Des



DATOS DE LA MISION:
- 3 de agosto de 2004: lanzamiento de MESSENGER
- Agosto de 2005: sobrevuelo a la Tierra
- Octubre de 2006: sobrevuelo a Venus
- Junio de 2007: sobrevuelo a Venus
- Enero 2008: sobrevuelo a Mercurio
- Octubre 2008: sobrevuelo a Mercurio
- Septiembre 2009: sobrevuelo a Mercurio
- Marzo 2011: inserción orbital en torno a Mercurio para realizar estudios durante un año terrestre.

miércoles, 16 de enero de 2008

VIENTOS SOLARES




El viento solar es un flujo de partículas cargadas, principalmente protones y electrones, que escapan de la atmósfera externa del sol a altas velocidades y penetran en el Sistema Solar.

Este viento puede tener varios efectos sobre nuestra vida en la Tierra. Es una especie de viento de materia o, más preciso, de gas ionizado que se llama plasma. Este plasma está contenido en la corona solar, cuya temperatura puede alcanzar los dos millones de grados. Cuando se rompe una "burbuja magnética", más de mil millones de toneladas de materia pueden ser eyectadas en un breve espacio de horas, lo que representa casi un veinteavo de la masa de la corona.

La velocidad del viento solar es de cerca de 400 kilómetros por segundo en las cercanías de la órbita de la Tierra. El punto donde el viento solar se encuentra que proviene de otras estrellas se llama heliopausa, y es el límite teórico del Sistema Solar. Se encuantra a unas 100 UA del Sol. El espacio dentro del límite de la heliopausa, conteniendo al Sol y al sistema solar, se denomina heliosfera.

Esta materia es la que dará lugar a la generación del viento solar. Si queremos explicar más en detalle este fenómeno, conviene tener presente la estructura del sol y de los campos magnéticos que la rodean. Para que el viento solar pueda existir, todas las propiedades del sol interactúan entre si. Las partículas cargadas llevadas por el viento se enrollan alrededor del campo magnético y lo arrastran hacia el exterior (se dice que el campo magnético está helado dentro del plasma). Además está deformado. Las grandes líneas de campo débil, colocadas en la superficie cerca del ecuador se estiran a medida que se aleja, y acaban de formar una lámina neutra.
Algunas de estas partículas cargadas quedan atrapadas en el campo magnético terrestre girando en espiral a lo largo de las líneas de fuerza de uno a otro polo magnético. Las auroras boreales y australes son el resultado de las interacciones de estas partículas con las moléculas de aire.

LAS AURORAS

Por otra parte, el viento solar que cepilla los límites de la magnetosfera, hace que las partículas ionizadas se muevan con él, como la brisa que sopla por encima de los campos de trigo y que mueve las espigas. Igual a este movimiento de las espigas del trigo hace que el tallo se doble y se acerque a niveles cercanos al suelo, así se ajusta la totalidad del geoespacio al movimiento en sus contornos. En el geoespacio las líneas de campo magnético actuan como los tallos del trigo, conectando el movimiento producido cientos de miles de kilómetros en el espacio con vientos a sólo cientos de kilómetros de la superficie terrestre.

Pero las partículas ionizadas no sólo se mueven con las líneas de campo magnético sino que se mueven a lo largo de ellas. Mientras esta "lluvia" acerca las líneas de campo magnético hacia la Tierra las partículas pueden chocar con otras partículas neutras y emitir un luz llamada aurora. Ya que la mayoría de las líneas de campo magnético están enraízadas de los polos magnéticos norte y sur, la aurora y otros efectos del geoespacio se concentran allí.

ENERGIA SOLAR

martes, 11 de diciembre de 2007

VIDEO SOBRE LA TIERRA Y SU NUCLEO

EL NUCLEO TERRESTRE



Una investigación desvela que los minerales oprimidos por la inmensa presión cerca del núcleo de la Tierra, pierden en gran medida su capacidad de transmitir luz infrarroja. Ya que la luz infrarroja contribuye al flujo de calor, este nuevo e inesperado hallazgo desafía algunas de las nociones comúnmente aceptadas acerca de la transferencia de calor en la base del manto, la capa de roca fundida que rodea al núcleo sólido de la Tierra.

El descubrimiento podría ayudar al estudio de las “plumas” del manto, grandes columnas de magma ascendente que se cree producen estructuras como las Islas Hawai e Islandia.

Los cristales de magnesiowustita, mineral común en lo profundo de la Tierra, pueden transmitir luz infrarroja a presiones atmosféricas normales. Pero cuando son sometidos a más de medio millón de veces la presión a nivel del mar, estos cristales absorben dicha luz, lo que impide el flujo de calor.

Los investigadores, Alexander Goncharov y Victor Struzhkin, con su colega postdoctoral Steven Jacobsen, todos del Laboratorio Geofísico del Instituto Carnegie, comprimieron cristales de magnesiowustita empleando una celda de yunque de diamante (una cámara constreñida por dos diamantes superduros, capaz de generar presiones increíbles). Entonces emitieron luz intensa a través de los cristales y midieron las longitudes de onda de la luz que lograba salir. Sorprendentemente, los cristales comprimidos absorbieron mucha de la luz en el rango del infrarrojo, sugiriendo ello que la magnesiowustita es un mal conductor de calor a altas presiones.

El flujo de calor en el interior profundo de la Tierra ejerce un papel importante en la dinámica, estructura y evolución del planeta. Existen tres mecanismos primarios mediante los cuales el calor podría circular en el interior terrestre: conducción, transferencia de calor de un material o área a otro; radiación, el flujo de energía vía luz infrarroja; y convección, el movimiento de material caliente. La proporción del flujo de calor de estos tres mecanismos es objeto de intenso debate.

La magnesiowustita es el segundo mineral más abundante en el manto inferior. Ya que no transmite bien el calor a altas presiones, el mineral puede, de hecho, formar parches aislantes alrededor de gran parte del núcleo. Si este es el caso, la radiación puede no contribuir al flujo de calor promedio en estas áreas, y la conducción y convección tendrían un papel más importante en la disipación del calor proveniente del núcleo.

Es muy pronto aún para decir con precisión cómo este descubrimiento cambiará el conocimiento geofísico de las profundidades de la Tierra. Pero, ya que mucho de lo que los científicos asumen acerca de las profundidades de nuestro planeta depende de sus modelos de transferencia de calor, resulta evidente que esta investigación obligará a revisar esos modelos.


Cada pocos años, el científico Larry Newitt (de la institución Geological Survey de Canadá) se va de caza. Toma sus guantes, su parca, su elegante brújula, se embarca en un avión y vuela hacia el ártico canadiense. Hay poco movimiento sobre las islas desparramadas y el mar de hielo, pero la presa de Newitt está ahí -- siempre en movimiento, cambiante, huidiza.

La presa a capturar es el polo norte magnético de la Tierra...

Por el momento, se encuentra localizado en el norte de Canadá, a unos 600 km aproximadamente de la villa más cercana: Resolute Bay, que cuenta con una población de 300 habitantes, y en la que está de moda una camiseta con el mensaje: "Resolute Bay no es el fin del mundo, pero desde aquí puede verse". Newitt se detuvo allí a comprar víveres y otras provisiones -- y es allí donde se refugia en caso de mal tiempo. "Lo cual ocurre a menudo", añade.

Arriba: El movimiento del polo norte Magnético de la Tierra a través del ártico canadiense desde 1831 hasta el 2001. Crédito: Geological Survey of Canada. [más información]

Desde hace mucho tiempo los científicos saben que el polo magnético se mueve. James Ross localizó el polo por primera vez en 1831, tras un agotador viaje por el ártico durante el cual su barco quedó encallado en el hielo durante cuatro años. Después de él, nadie regresó al polo hasta el siglo siguiente. En 1904, Roald Amundsen encontró el polo de nuevo y descubrió que se había movido -- al menos 50 km desde los días de Ross


El polo siguió moviéndose durante el siglo XX en dirección norte a una velocidad de 10 km por año, acelerando últimamente "hasta 40 km anuales", dice Newitt. A este ritmo abandonará Norte América en busca de Siberia en unas pocas décadas.

El trabajo de Newitt consiste en seguir las huellas del polo norte magnético. "Normalmente salimos y comprobamos su localización una vez cada pocos años", comenta. "Tendremos que hacer viajes más a menudo ahora que se está moviendo tan rápido".

El campo magnético de la Tierra también está sufriendo otro tipo de cambios: las agujas de las brújulas en África, por ejemplo, oscilan casi un grado por década. Y globalmente el campo magnético se ha debilitado un 10% desde el siglo XIX. Cuando los científicos mencionaron esto en una reciente convención de la Unión Geofísica Americana, muchos periódicos lo anunciaron en sus columnas. Un titular típico: "¿Está muriendo el campo magnético terrestre?"

Probablemente no. Por muy extraños que nos parezcan estos cambios, "son moderados si los comparamos con los acaecidos durante el pasado en el campo magnético terrestre", afirma el profesor de la Universidad de California Gary Glatzmaier.

Algunas veces el campo se invierte por completo. El polo norte y el sur intercambian sus puestos. Semejantes inversiones, registradas en el magnetismo de antiguas rocas, son impredecibles. Vienen en intervalos irregulares, aproximadamente una vez cada 300.000 años; el último tuvo lugar hace 780.000 años. ¿Se aproxima un nuevo cambio? Nadie lo sabe.

Izquierda: Las varas magnéticas en los alrededores de las crestas centro-oceánicas revelan la historia del campo magnético de la Tierra desde hace millones de años. El estudio del pasado magnético de la Tierra recibe el nombre de paleo-magnetismo. Crédito de la imagen: USGS. [más información]

Según Glatzmaier, la atenuación actual del 10% no implica que la inversión de los polos sea inminente. "El campo se incrementa o decrece en todo momento", afirma. "Sabemos esto gracias a los registros paleo-magnéticos". El campo magnético terrestre actual es, de hecho, mucho mayor de lo normal. El momento dipolar, una medida de la intensidad del campo magnético, es ahora de 8 × 1022 amperios × m2. Eso es el doble de la media del último millón de años, que es de 4× 1022 amperios × m2.

Para entender lo que está sucediendo, dice Glatzmaier, debemos hacer un viaje... hacia el centro de la Tierra, allí donde se produce el campo magnético.

En el núcleo de nuestro planeta existe una bola de hierro sólido, a una temperatura aproximadamente igual de caliente a la superficie del sol. Los investigadores lo llaman el "núcleo interno". Realmente es un mundo en el interior de otro mundo. El núcleo interior tiene un tamaño del 70% de la luna. Gira con período propio, que es de 0,2º grados de longitud por año más rápido que el de la superficie de la Tierra, y cuenta con su propio océano: una capa muy profunda de hierro líquido conocido como el "núcleo externo".

Derecha: Diagrama esquemático del interior de la Tierra. El núcleo externo es la fuente del campo magnético.

El campo magnético de la Tierra se origina en este océano de hierro, el cual es un fluido conductor de la electricidad en constante movimiento. Descansando sobre el caliente núcleo interior, el núcleo externo líquido se agita furioso como el agua sobre una sartén al fuego. El núcleo exterior sufre también "huracanes" -- remolinos generados por las fuerzas de Coriolis producidas por la rotación terrestre. Estos complejos movimientos generan el magnetismo de nuestro planeta a través de un proceso llamado efecto dinamo.

Utilizando las ecuaciones de la magnetohidrodinámica, rama de la física que se ocupa de los fluidos conductores y los campos magnéticos, Glatzmaier y su colega Paul Roberts han creado un modelo del interior de la Tierra en un supercomputador. El software que han creado calienta el núcleo interno, removiendo el océano metálico que flota sobre él, y después calculan el campo magnético resultante. Ejecutan el programa simulando el proceso a lo largo de miles de años y observan lo que sucede.

Los resultados reflejan lo que realmente ocurre en la Tierra: el campo magnético crece y decrece, los polos se mueven, y ocasionalmente se alternan. Han aprendido que el cambio es normal y que no debe extrañarnos. La fuente del campo, el núcleo exterior está, de por si, furiosa, arremolinada y turbulenta. "Ahí abajo está el caos", apunta Glatzmaier. Los cambios que detectamos en la superficie del planeta son un signo de ese caos interior.

Han aprendido también lo que sucede durante una inversión en la polaridad magnética. La inversión tarda unos pocos miles de años en completarse y durante ese tiempo -- contrario a la creencia popular -- el campo magnético no desaparece. "En realidad es más complicado", dice Glatzmaier. Las líneas de fuerza magnética en las proximidades de la superficie terrestre se enroscan y se enmarañan y los polos magnéticos aparecen inesperadamente en lugares poco acostumbrados. El polo sur magnético podría emerger en África, por ejemplo, o el polo norte podría surgir en Tahití. Extraño. Pero aún así, sigue siendo un campo magnético planetario, y sigue protegiéndonos de la radiación espacial y de las tormentas solares.

miércoles, 5 de diciembre de 2007